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La guerra del hambre: el fisiológico vs ‘por placer’

hambre dietasLa sociedad en que vivimos nos impulsa a comer cada vez más y a movernos menos. Está demostrado que cada día nuestro cerebro recibe cientos de inputs relacionados con la alimentación que muchas veces son difíciles de manejar. Es muy curioso como el solo hecho de ver, oler o pensar en comidas o bebidas apetitosas nos puede llevar a consumirlas.  Y eso afecta a nuestra dieta.

Existen dos tipos de hambre, el fisiológico y por placer. El primero es la necesidad de comer después de mucho tiempo de no hacerlo (por supervivencia) mientras que el segundo es por el propio placer que determinados alimentos pueden llegar a proporcionar (lo que se conoce como la gratificación emocional o hambre emocional). En cualquier caso, no hay que confundirlos: el hambre emocional o por placer puede llegar a engañarnos haciéndonos creer que realmente necesitamos comer aquello, es más, las señales que nuestro cuerpo nos envía para que nos pongamos a comer pueden ser casi idénticas a las del hambre real.

El hambre en todo cambio alimentario es siempre un problema que hay que afrontar y saber gestionar. Muchas dietas de adelgazamiento se abandonan por eso ya que a menudo ocasionan malhumor y irritabilidad y resultan imposibles de mantener en el tiempo. Además comer alimentos cuando ” no toca” nos puede llevar a sentirnos culpables y tristes, de manera que no suele compensar el bienestar emocional instantáneo que supone consumirlos. Por otro lado si sumamos todos estos alimentos innecesarios consumidos durante el día nos encontraremos con una sobreingesta energética (donde destacan alimentos grasos e hipercalóricos). Sí, esta es una de las causas de la razón por la que muchos pacientes llevan tantos años peleándose con su peso.

Un plan de reeducación nutricional personalizado trabajará muy especialmente este aspecto desde el inicio del tratamiento, enseñándonos y aportando soluciones para que el hambre no sea un problema. Por ejemplo, evitar saltarnos comidas para minimizar el picoteo entre horas o seleccionar una dieta con alimentos saciantes en las comidas principales. También con la ayuda del nutricionista podremos identificar los momentos de peligro de nuestro día a día y cómo solucionarlos según el estado de ánimo que tengamos en cada ocasión.